Numero 2
Iba por su mundo sabiendose un conquistador. Sin saber que habia nacido sólo 10 meses atras. Sabiendo que los sonidos que brotan cuando pronunciamos "Vicente" referian a él. ÉL, con mayúsculas, se sabia (y quiero creer se sabe) valioso, indespensable, único, amado, amadísimo, aun a la distancia.
Recorria toda la casa con paso firme como si el territorio le pertenciera.
Arrastraba su oso y sus atuos de un rincón a otro, acomodaba los objetos de la mesa ratona a us antojo. No habia temor alguno en su transitar.
Por fin me entregaron el espejo luego de casi un mes de discusión. Lo trajeron y lo colgué en una pared del living para favorecer la luz que enrtaba por la única ventana del salon.
Como todos los dias de la última semana, Vicente habia carado un camion grande con todos sus autitos y se aprestaba a estacionarlos en la cocina. En su camino pasó al lado del espejo y se sobresaltó con su imagen. Soltó la soga del camion y se refugió tras la mesa ratona. De a poco se tranquilizó, tal vez luego de ver que yo me asomaba desde la cocina, lo miré, le sonreí y volvi a cocinar sin mostrar ninguna preocupacion por ese otro distinto que estaba en la casa, que era mas bajo que Papá y Mamá, que no llevaba trapos cubriendole el cuerpo y que habia tomado su camión.
No puedo saber cuánto coraje necesitó para abandonar el refugio de la mesa.
Pero si vi que su paso firme y sus hombros trabados llevaban la determinación de quien no se dejaría despojar de sus tesoros.
Vicente se plantó ante el espejo con esto hostil y lo sostuvo apenas unos segundos hasta que su mano quiso tocar una cara y se encontró con el frió del vidrio. Pudo ver su cara de sopresa que lo llevó a sonreir, y su misma sonrisa desintegró la alerta y se permitio descubrirse en su imagen que el espejo le ofrecia.
Recorria toda la casa con paso firme como si el territorio le pertenciera.
Arrastraba su oso y sus atuos de un rincón a otro, acomodaba los objetos de la mesa ratona a us antojo. No habia temor alguno en su transitar.
Por fin me entregaron el espejo luego de casi un mes de discusión. Lo trajeron y lo colgué en una pared del living para favorecer la luz que enrtaba por la única ventana del salon.
Como todos los dias de la última semana, Vicente habia carado un camion grande con todos sus autitos y se aprestaba a estacionarlos en la cocina. En su camino pasó al lado del espejo y se sobresaltó con su imagen. Soltó la soga del camion y se refugió tras la mesa ratona. De a poco se tranquilizó, tal vez luego de ver que yo me asomaba desde la cocina, lo miré, le sonreí y volvi a cocinar sin mostrar ninguna preocupacion por ese otro distinto que estaba en la casa, que era mas bajo que Papá y Mamá, que no llevaba trapos cubriendole el cuerpo y que habia tomado su camión.
No puedo saber cuánto coraje necesitó para abandonar el refugio de la mesa.
Pero si vi que su paso firme y sus hombros trabados llevaban la determinación de quien no se dejaría despojar de sus tesoros.
Vicente se plantó ante el espejo con esto hostil y lo sostuvo apenas unos segundos hasta que su mano quiso tocar una cara y se encontró con el frió del vidrio. Pudo ver su cara de sopresa que lo llevó a sonreir, y su misma sonrisa desintegró la alerta y se permitio descubrirse en su imagen que el espejo le ofrecia.
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